Seleccionar página

El problema que existe actualmente respecto a la aceptación del origen egipcio de la astrología es que las pruebas documentales de las que se dispone están encriptadas o son indirectas. Este hecho se refiere a que los registros existentes, anteriores a los textos de hermetismo filosófico del periodo helenistico alejandrino, se hallan codificados en dos lenguajes, el lenguaje técnico arquitectónico de las piramides, y el lenguaje jeroglífico mitológico de los conocidos, pero tan ignorados, Textos de las piramides. Por esta razón, el estudio historiográfico del origen de la astrología se ha desviado a la tradición caldea babilónica, ya que esta cultura desarrolló la astrología como ciencia sistemática independiente al margen de sus planteamientos filosóficos originales, propios de la astrología filosófica egipcia, la cual fue reflejada de una forma más fiel en los textos alejandrinos de hermetismo filosófico y en la tradición, tanto mitológica como filosófica, de la cultura griega. A pesar de que el planteamiento científico de corte materialista, historiográfico, antropológico y arqueológico, ha querido dar una imagen neolítica rudimentaria de la cultura egipcia, como sociedades primitivas de culto politeísta totémico, la realidad es que la tradición egipcia conocía la trigonometría esférica, la geometría euclidiana, la aritmética y el álgebra miles de años antes de que la descubrieran los griegos. Lo que sucede es que estas ciencias las manejaban de una forma pragmática, orientada a la realización técnica de prodigios inigualados como la gran pirámide, y no tanto en la vertiente teórico especulativa propia de la ciencia actual. De hecho, fue esta tradición hermética en la que se educaron los grandes sabios griegos como Solón, Anaxágoras, Tales, Pitágoras, Anaxímenes, Demócrito, Eudoxo, Euclides, Sócrates, Platón y Ptolomeo. Los egipcios conocían el número pi (π), la proporción áurea, el número e y el teorema de Pitágoras, miles de años antes de que estos sabios griegos los aprendieran en las escuelas egipcias y los integraran en su propia filosofía.

Un ejemplo muy claro de cómo la tradición egipcia manejaba un profundo conocimiento técnico de carácter matemático, astronómico y astrológico, bajo el principio de correspondencia cósmica, es la gran pirámide de Giza. Esta es la única de las siete maravillas del mundo antiguo que se conserva, una colosal construcción que se halla situada en la meseta de Giza, en Egipto, en una localización geomagnética y astronómica de carácter muy preciso. Esta supone una estructura piramidal octogonal de 147,8 metros de alto construida con seis millones de toneladas de piedra repartidas en dos millones y medio de bloques, cada con un peso de entre dos y seis toneladas. El hecho es que con la avanzada tecnología de la que se dispone actualmente, es imposible realizar la construcción de esta pirámide. Una de las razones de esto son las dimensiones y el peso de los bloques de piedra, los cuales, en la antigüedad eran movidos, por los sacerdotes egipcios, por procedimientos taumatúrgicos, es decir, por la levitación producida por medio de campos magnéticos anti-gravitatorios generados en el cuerpo del bloque. La pirámide es un modelo matemático del planeta tierra, a la vez que un modelo de la relación espaciotemporal astronómica de la Tierra con la luna, el sol y la estrella Sirio. En relación al planeta Tierra, la gran pirámide es un modelo a escala del hemisferio norte, construido en base a un alto conocimiento matemático en trigonometría esférica, lo que demuestra, entre otras cosas, que sabían perfectamente que la Tierra es esférica. Esto significa que si se ampliara la pirámide a una escala cuarenta y tres mil doscientas veces mayor, los vértices de su base quedarían perfectamente circunscritos en el circulo del ecuador terrestre, y su vértice superior en el zenit, o polo norte geográfico, del hemisferio norte. Es decir, el radio polar de la Tierra es cuarenta y tres mil doscientas veces la altura de la pirámide, altura de 147,8 m. La distancia de la Tierra al sol de 147,8 millones de kilómetros, por lo que esta altura es la mil millonésima parte de la distancia de la Tierra al sol en el perihelio orbital. A su vez, la altura guarda una secreta relación con la proporción áurea, por ser la raíz cuadrada del número fi (φ), número áureo que es, también, la medida de las caras laterales de la pirámide. El número áureo es considerado un número clave en la geometría sagrada, ya que se encuentra en las proporciones matemáticas de las criaturas y creaturas naturales como en ciertas partes del cuerpo humano, o la disposición de las hojas, los pétalos de las flores y las ramas de los árboles, entre otras muchas cosas. Además, el meridiano terrestre guarda una correspondencia de cuarenta y tres mil doscientas veces el zócalo de la base de la pirámide, y el perímetro medio del planeta es veintiuna mil seiscientas veces el perímetro del zócalo.

Respecto a la relación de correspondencia astronómica con la estrella Sirio, hay que saber que el culto egipcio se relacionaba con esta estrella de forma misteriosa, estrella binaria asociada a la diosa Isis y su hermana Neftis, y conocida vulgarmente como la estrella perro. Esta estrella binaria esta formada por dos estrellas, Sirio A y Sirio B, y forma parte de la constelación Canis Maior, visible desde el hemisferio sur junto a las constelaciones de Orion y Tauro. Sirio es la estrella más brillante de todo el firmamento celeste visto desde la Tierra, solo superada en brillo aparente por el brillo de la luna, Venus, Marte y Júpiter. Se la denomina estrella perro porque la constelación a la que pertenece, el Canis Maior, es una constelación identificada con la silueta de un perro que parece seguir, en su trayectoria celeste, a la constelación de Orión, el cazador. Como su orto helíaco la hace invisible en el verano boreal, verano del hemisferio norte, por efectos desconocidos su energía radiante se suma a la energía del sol produciendo los días más calurosos, denominados días de perro o días caniculares, correspondientes al periodo de máximo apogeo del sol en la bóveda celeste tras el solsticio de verano, alrededor de mediados del mes de Julio. El termino Sirio significa ardiente, brillante, y se relaciona con la mitología del dios Osiris, la constelación de Orión y el acceso perimortuorio del espíritu humano al cosmos astral.  El hecho es que esta estrella tiene una íntima relación con la escatología hermética y la antigua doctrina de los siete cielos, el viaje del alma tras la muerte del cuerpo en su ascensión astral, o el viaje de esta previo a la encarnación, en su descenso al planeta Tierra. La palabra pirámide procede del griego pyr, que significa fuego o luz, y mydos, que significa mesura o medición, termino que puede ser entendido como mesurador de enrgía, en el sentido de acumulador y contenedor de energía, tanto terrestre como celeste, que es exactamente la función que revelan los estudios técnicos de su estructura. Seguramente esta sea la razón por la que los egipcios llamaban Ikhet a la pirámide, término que significa luz gloriosa. La gran pirámide tiene cuatro conductos alineados con ciertas estrellas como Zeta Orión, Alfa Dragón y el Alfa Can Mayor. Uno de estos canales se halla alineado con el Alfa Can Mayor, la estrella Sirio, para recoger su irradiación en una de sus cámaras centrales, la cámara de la reina. Esta cámara está conectada con la cámara central del faraón, en la que se produce un extraordinario efecto de acumulación de energía que permite, entre otras funciones ocultas, que en estos habitáculos se produzcan altas frecuencias electroacústicas que elevan el nivel vibratorio de la materia, produciendo un efecto antientrópico que permite que la materia no resulte tan susceptible de degradación orgánica. El interior de la pirámide posee cuatro frecuencias vibratorias que forman parte de un acorde en fa sostenido que la tradición hermética egipcia identificaba con las frecuencias propias de la estructura armónica del planeta Tierra. Esta condición de generador y acumulador energético provoca que muchas compañías aéreas tengan prohibido a sus aviones sobrevolar la pirámide en sus rutas, para así evitar la alteración que la pirámide produciría en sus dispositivos electrónicos. En relación a Sirio, la superficie original de la base de la pirámide representa la relación espaciotemporal existente entre el planeta Tierra y esta estrella, es decir, el tiempo en años luz que tarda la luz de esta estrella en llegar a nuestro planeta y penetrar por el canal de la pirámide que la comunica con la cámara de la reina. Este periodo es el cuadrado de cien mil veces el número pi por la unidad egipcia del codo real, que son cero con cincuenta y dos metros, lo que son 314.159 codos reales cuadrados, que son una cantidad de días equivalentes a mil veces el número pi, 1000 x 3,14159 = 314.159 dias, número de días contenidos en los 8,6 años luz que tarda en llegar la luz de Sirio a la Tierra. Este periodo son 8 años y 220 días, y esta cifra se halla contenida, a su vez, en la base octogonal de la pirámide, ya que ésta posee ocho lados que miden cada uno 220 cr, doscientos veinte codos reales.

La pirámide posee ocho lados ya que el apotema de cada una de sus caras, línea que une el vértice superior de la pirámide con el punto medio de la base de cada cara, las divide en dos por una ligera hendidura. Su vértice esta situado de manera que los ejes de los apotemas están alineados con los puntos cardinales, estando el eje este-oeste a treinta grados de latitud norte sobre el ecuador, y el eje norte-sur a veintinueve grados, cincuenta y ocho minutos y cincuenta y un segundos de longitud al este del meridiano de Greenwich, aunque originalmente, antes de que se dieran ciertos desplazamientos geológicos de placas tectónicas, se hallaba a treinta grados exactos de longitud este. Esta alineación, tan precisa y particular, supone una proeza de la arquitectura y la ingeniería técnica que los actuales profesionales del campo, incapaces de realizarla, no se explican. Este detalle geométrico de su arquitectura piramidal la convierte en un marcador equinoccial de carácter astrológico, ya que al estar los apotemas de la pirámide perfectamente alineados con los puntos cardinales del planeta, y coincidir el apotema oeste con el punto inicial de la ecliptica tropical en los cero grados de Aries, esto provoca que la salida y la puesta del sol en los equinoccios refleje la luz en las superficies octogonales de las caras, que se hallan orientadas a los puntos cardinales, que a su vez coinciden con los puntos equinocciales de la ecliptica. Si los apotemas de la pirámide están perfectamente alineados con los cuatro puntos cardinales y los dos puntos equinocciales, a su vez, los cuatro vértices de su base están alineados con las estrellas de las constelaciones zodiacales de Tauro, Leo, Escorpio y Acuario. Es decir que la diagonal suroeste-nordeste de la base de la pirámide coincide con el eje Tauro-Escorpio, y la diagonal sureste-noroeste coincide con el eje Leo-Acuario, ejes en concordancia con la alineación del apotema oeste con el correspondiente punto cardinal y el punto exacto del equinoccio primaveral, punto inicial de la eclíptica zodiacal en los cero grados del sector tropical de Aries.

Esto introduce la relación astronómica de la pirámide con la luna y el sol, ya que significa que la pirámide sirve como un reloj medidor del tiempo, por ser un punto de referencia para establecer los calendarios solar y lunar. El centro de la pirámide, localizado originalmente a treinta grados latitud norte y treinta grados longitud oeste, y orientados los ejes de los apotemas hacia los puntos cardinales, permite medir la media de trescientas sesenta salidas del sol por el horizonte a partir del solsticio de verano, marcado por el orto heliaco de la estrella Sirio, así como los doce ciclos lunares a partir del equinoccio de primavera, en el que el día y la noche tienen la misma duración. Este sistema de referencia permite dividir la circunferencia de la eclíptica celeste en trescientos sesenta días, que representan trescientos sesenta grados en el sistema de medida sexagesimal, y de este sistema de referencia extraer los doce sectores tropicales de la eclíptica zodiacal. En consecuencia, la eclíptica zodiacal referenciada por las coordenadas de la pirámide permite la localización del planeta Tierra respecto de la galaxia y la totalidad del universo, en relación no solo al año terrestre sino también al año zodiacal, o gran año platónico, que es el período de traslación del sol a lo largo de la  eclíptica zodiacal helíaca por el efecto de precesión de los equinoccios del planeta Tierra. Comprendido esto, no se puede decir de las constelaciones zodiacales que son mera convención supersticiosa de la mitología griega, ya que en realidad obedecen a puros parámetros matemáticos de la geometría del cosmos. La relación particular de la pirámide con la luna se extrae del hecho de que la escala 43.200 que esta mantiene con el planeta Tierra, permite el cálculo exacto de una lunación media, es decir, del período de tiempo que tarda la luna en cerrar su ciclo completo. Este período son 29 días, 12 horas, 44 minutos y 2,8 segundos, y resulta ser el cociente de la división de los días contenidos en 432.000 lunaciones, es decir, 12.757.214 días entre 432.000, cuyo resultado es de 29,53 días.  La circunferencia en la que se circunscribe la pirámide puede ser dividida en 360 secciones sexagesimales, que marcan 360 grados, correspondientes a los 360 días de media contenidos en los doce ciclos lunares, los que, a su vez, definen los doce sectores tropicales de la eclíptica zodiacal. Por supuesto, todas estas correspondencias tienen una oculta relación con el propósito para el que se construyó este colosal monumento, que se escapa absolutamente a la comprensión de la ciencia contemporánea. Esta documentación sobre la gran pirámide de Giza, pertenece a una corriente de estudio del mundo antiguo que defiende el paradigma histórico de Egipto presentado en los diálogos platónicos titulados CritiasTimeo. En estos diálogos, en los que se presenta la leyenda de la Atlántida, se dan referencias de la existencia de las culturas egipcia y griega ya desde el milenio X a.C. 

Referencias bibliográficas:

*Platón, Obras completas tomo II, Timeo, Editorial Gredos. Platon, Obras completas tomo II, Critias, Editorial Gredos.

*Miquel Pérez Sanchez, La gran pirámide. Clave secreta de la Atlántida, Editorial Larousse.

*Darío Salas Sommer, ¿Cuánto vale una persona?, Ediciones Cerro Manquehue.

(Este artículo es propiedad intelectual, queda prohibida la reproducción parcial o total de su contenido)

error: Alert: Este contenido está protegido !!