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El señor Darío Salas Sommer ha sido el último gran maestro de hermetismo técnico que ha dado la espiritualidad occidental. Ha sido un revitalizador de la filosofía hermética operativa, de profundo trasfondo astrológico implícito que, como suele suceder, ha sido comprendido por muy pocos de sus contemporáneos. La profundidad y el nivel conceptual de su obra filosófica es tal, que da vértigo sondearla, especialmente por las delicadas implicaciones que tiene para la vida de un hombre, de una especie, que se cree en el culmen de la creación y la realización humana. Sus tratados filosóficos tienen una presentación concreta, realista, sencilla y accesible a personas con un mínimo nivel cultural, ya que el filósofo trata de acercar a todo el mundo una filosofía práctica y accesible, que le permita la auténtica evolución espiritual y el desarrollo de la conciencia. Esta es la razón por la que evita el oscurantismo ocultista así como la estéril filosofía de tipo teórico especulativo, aunque por momentos sus escritos son de tal elevación conceptual y tal profundidad, que cuesta comprender ciertas cosas. En todo caso, sus obras se caracterizan por una deliberada falta de estilo, que resulta una especie de repelente conceptual insultante para las mentes más academicistas e intelectuales. Esta falta de sistematicidad en la formulación de los contenidos que expone, obedece a un ocultamiento intencional de la enseñanza que transmite, para protegerla de la programación memorística en la que podría caer en todo el que accediera a ella si no la presentara de una forma fragmentada y asistemática. En este sentido su filosofía no es una filosofía de forma sino de contenido, aunque tras su enseñanza se puede entrever una doctrina hermética de profundo carácter psicológico, cosmológico, soteriológico, ontológico y teológico. Tras esta aparente falta de identidad doctrinal, se esconde una filosofía mística, de carácter operativo, centrada en el desarrollo de un estado de ubicuidad mental en relación a la Totalidad de la sustancia única hallada en todas las cosas, una filosofía con comprometedoras implicaciones astrológicas y existenciales, que deja en evidencia la sobrevaloración narcisista a la que ha llegado la especie del homo sapiens.

Aunque el maestro ya no se encuentra físicamente entre nosotros, ha dejado un vasto legado filosófico concentrado en su escuela, el Instituto Filosófico Hermético (IFH), y todas sus obras filosóficas escritas, a través del cual se puede acceder a la realización de un efectivo trabajo de desarrollo espiritual de carácter absolutamente concreto y operativo. El objeto fundamental de su filosofía es el de elevar el nivel de vigilia de la persona, a la que describe inmersa en un profundo sueño sonambúlico, de manera que pueda acceder a un estado de despertar que le permita el desarrollo de un mayor nivel de conciencia y el consecuente incremento del ser espiritual. Este es el fin con el que Darío Salas Sommer desarrolla la filosofía operativa, que se traduce no solamente en lo humano, sencillo y concreto del estilo expresivo que utiliza en sus obras, sino especialmente, en la cantidad de ejercicios prácticos que el filósofo entrega para elevar el nivel de vigilia y conseguir un desarrollo efectivo de la conciencia espiritual. Otra cosa muy importante es que este enfoque técnico lo combina con el dominio del pensamiento, la emoción y el movimiento, y con una intensa disciplina de de autoconocimiento psicológico en el marco de la psicología profunda de orientación filosófica. En este sentido hay que hacer especial mención al aspecto de su obra especialmente dirigido al desarrollo espiritual de la mujer, para el que ha dejado como guía un tratado filosófico de valor incalculable titulado ¿Existe la mujer?, en el que describe y radiografía, con una precisión desconcertante, la psicología de la mujer, así como todas las trampas y barreras psíquicas que le impiden desarrollar su identidad espiritual auténtica. Este tratado se podría definir como la descripción precisa de los barrotes de la jaula psíquica en la que la mujer se encuentra encerrada, los barrotes que mantienen a la mujer atrapada en su tragedia psicológica. El objeto de este trabajo se relaciona con el hecho hermético de que la mujer es el soporte del mundo, y por extensión, del hombre y de toda la sociedad, por lo que el filósofo explica la evolución de la especie humana depende fundamentalmente de la evolución de las mujeres, según una oculta relación que define que las mujeres superiores permiten el desarrollo de hombres superiores,  ambos conjuntamente permiten el desarrollo de una especie y una sociedad superior.

En honor al esfuerzo y legado de Darío Salas Sommer, para poder dimensionar la posición de este maestro de filosofía, es preciso contextualizar su existencia, y su trabajo como maestro espiritual, en el momento histórico actual, en concreto, el momento astrológico en el que se encuentra actualmente la humanidad, para lo que es necesario comprender ciertos conceptos de la antigua filosofía astrológica grecoegipcia. En la Edad Antigua, la tradición mitológica y filosófica griega se fundamentaba en una cosmovisión esférica de carácter cíclico, según la cual el universo es un organismo viviente sin principio ni fin, que parte en cada uno de sus ciclos de un estado de máximo orden y progresivamente avanza hacia un estado de máximo desorden. Esta cosmología tuvo proyección sobre la especie humana a través del Mito de las edades del hombre, por lo que se entendía que el hombre pasaba por diferentes fases de desarrollo. Este mito es conocido habitualmente por la formulación que Hesíodo plasmó en su obra titulada Trabajos y días, los comentarios en los diálogos platónicos, como es el discurso de las musas en el libro VIII de la República, o la obra de Ovidio Las metamorfosis, pero en realidad es un mito hermético que fue transmitido a Grecia en el período micénico a través de la tradición mistérica órfica. El mito relata como la especie humana pasa por una serie de edades según las que se va degradando progresivamente, desde la edad de oro, pasando por la de plata, la de bronce, y la heroica, hasta la edad de hierro. Este mito posee profundas connotaciones astrales, ya que las edades del hombre obedecen, a su vez, a la sucesión de las eras astrológicas a lo largo del gran año platónico. El discurso de las musas, texto hermético que la escuela órfico-pitagórica le facilitó a Platón, dice: «Estos cambios tienen lugar cuando cada especie termina y vuelve a comenzar su revolución circular, la cual es más corta o más larga según que la vida de cada especie sea más corta o más larga. Vuestros magistrados, por hábiles que sean y por mucho que los auxilien la experiencia y el cálculo, no podrán determinar excatamente el instante favorable o contrario a la propagación de su especie. Se les escapará este instante, y darán al Estado hijos en épocas desfavorables. […] He aquí el número geométrico, que de este modo domina todo él sobre los nacimientos mejores o peores. Ignorando la virtud de este número, vuestros magistrados harán contraer en épocas indebidas matrimonios de los que nacerán bajo funestos auspicios hijos de mala índole. […] Y así los magistrados que fueron escogidos entre ellos no tendrán el talento de discernir las razas de oro, de plata, de bronce y de hierro, de que habla Hesíodo, y que se encuentran entre vosotros. Llegando, pues, a mezclar el hierro con la plata y el bronce con el oro, resultará de esta mezcla una falta de conveniencia, de regularidad y de armonía, defecto que allí dónde aparece, engendra siempre la enemistad y la guerra.».

Conjunción de los siete planetas, del Sol a Saturno, en el sector tropical de Acuario, 4 Febrero 1962

La Edad Contemporánea se caracteriza por hallarse precisamente en un punto de transición de una de estas eras astrológicas, hecho con el que se encuentra en íntima relación la existencia de Darío Salas Sommer. El concepto de era astrológica ha sido vanalizado por el uso divulgativo que se le ha dado en el movimiento contemporáneo de la Nueva Era, pero en realidad este concepto proviene de la filosofía astrológica, de origen hermético, practicada por los griegos en la antigüedad.  Las doce eras astrológicas son unos períodos de tiempo cósmico que componen un gran ciclo astrológico denominado por Platón, en su diálogo Timeo, el gran año o el año perfecto. Explica Platón en este diálogo: «También es posible concebir que la unidad perfecta de tiempo, el año perfecto, se realiza cuando las ocho revoluciones de velocidades diferentes han vuelto a su punto de partida, después de una duración, medida por el círculo de lo mismo y de lo semejante. Ved cómo y por qué han sido producidos aquellos astros que, en su marcha a través del cielo, debieron volver periódicamente sobre sí mismos, a fin de que el universo se pareciese lo más posible al animal perfecto e inteligible, mediante esta imitación de su naturaleza eterna.» Este gran año platónico se debe al fenómeno de precesión de los equinoccios, derivado del movimiento de rotación del eje del planeta Tierra en dirección oeste a lo largo del cinturón de constelaciones polares del hemisferio norte. Este fenómeno hace que el punto vernal de los cero grados de Aries, que marca el equinoccio de primavera, retroceda en sentido inverso a la rotación terrestre en razón de casi un minuto cada setenta y un años, y que cada dos mil ciento sesenta años la primavera comience un mes antes, es decir, que el punto de cero grados del equinoccio de primavera inicie en una nueva constelación zodiacal, marcando el punto de inicio de la siguiente era astrológica. La duración de este gran año platónico, también denominado año equinoccial o año zodiacal, es de veinticinco mil novecientos veinte años, e implica que el Sol, en su nacimiento primaveral, siga una órbita aparente a lo largo del cinturón de las constelaciones zodiacales. El año platónico es diferente del año cósmico o año galáctico, tiempo que tarda el Sol en completar su órbita alrededor del centro de la galaxia, unos doscientos cincuenta millones de años terrestres. También se diferencia del año sideral y del año tropical, que son dos modalidades del año terrestre.

El tránsito de estas eras astrológicas se caracteriza por profundos cambios planetarios que afectan tanto al ecosistema natural,  como sucede actualmente con el fenómeno del calentamiento global y el fin de la era del petróleo; así como al colectivo humano, como lo han demostrado las guerras mundiales y el ya próximo fin de la sociedad capitalista petrolífera. En este sentido es muy revelador el que Dario Salas Sommer haya escrito un tratado titulado Moral para el siglo XXI, en previsión de este cambio. La historia ha demostrado este hecho en el tránsito de la era de Aries a la era de Piscis, en el que la civilización antigua grecolatina alcanzó su final, dando comienzo a la era cristiana. El comienzo de cada era está asociado a la encarnación en la Tierra de ciertos maestros de hermetismo, unos conocidos y otros no, repartidos por diferentes territorios del planeta. Este fue el caso de Jesús de Nazaret en el comienzo de la era de Piscis. En su tratado titulado El hombre estelar, Darío Salas Sommer explica que Jesús fue un iniciado de máximo grado en el culto hermético egipcio. El objeto de éste, entre otros, fue fundar en la era de Piscis una nueva fase evolutiva en la humanidad, caracterizada por los rasgos piscianos, es decir, el misticismo fundamentado en una experiencia de fe emotivo-devocional que se encuentra más allá de lo racional, lo que definió toda una nueva corriente de espiritualidad en la civilización occidental. Esto mismo sucedió con Muḥammad ibn ‘Abd Allāh, conocido como Mahoma, en el territorio de oriente medio, así como con Siddharta Gautama, el Buda, y con Kung fu Tse, Confucio, en el extremo oriente. Estos maestros han sido fundadores, en sus respectivos territorios, no solo de un nuevo culto, sino de una nueva cultura y una nueva civilización. Este hecho, en todos los casos fue profundamente controvertido y conflictivo, ya que estas figuras misteriosas siempre han aparecido en momentos de máxima degradación de la especie, con el objeto de elevar de nuevo el nivel espiritual de la humanidad. Por esta razón, por haber sido faros espirituales en un mundo de bestias degeneradas han sufrido una fuerte oposición por parte del colectivo, que siempre ha querido ver en ellos, tanto en Jesús, como en Mahoma, Buda o Confucio, alborotadores sociales enemigos del orden público, embusteros que se hacen pasar por profetas amenazando la anarquía establecida socialmente en un mundo acomodado al hedonismo inmoral, el caos y la corrupción. Es por esto que Jesús y los primeros cristianos fueron perseguidos y profundamente rechazados, como también lo fueron Mahoma, Buda o Confucio y sus discípulos. Las ideas y prácticas de estos hombres superiores jamás han caído en simpatía de los colectivos degenerados moral y espiritualmente. Este es el caso de Darío Salas Sommer, maestro de hermetismo operativo que, en este tránsito de era astrológica, ha encarnado en la Tierra para fundar una nueva concepción filosófica y mística de la vida espiritual del ser humano. El señor Salas encarnó el 4 de Marzo de 1935, cuatro septenos antes de la conjunción de los siete planetas en el sector tropical de la constelación de acuario, el 4 de Febrero de 1962, y fundó su escuela filosófica un septeno después de dicha conjunción, en el año 1970, hecho astrológico profundamente significativo desde el punto de vista de la ley hermética del ritmo.

El equinoccio primaveral, primer punto de Aries, marca el inicio y la tónica general de todo un ciclo astrológico, razón por la que en el mundo antiguo el año comenzaba en primavera, como sucede en el calendario romano. Por este hecho, el primer mes del año era el mes de Marzo, Martius, nombre derivado de la denominación del planeta Marte, planeta que esta asociado, por la ley de la correspondencia, a la constelación de Aries y el punto vernal del equinoccio. Esta es la razón por la que el inicio de una era se relaciona tan íntimamente con este preciso punto de los parámetros orbitales del planeta Tierra. La era de Acuario supone la influencia de esta constelación sobre el planeta, una constelación caracterizada por el conocimiento trascendental, que transmite la capacidad de comprensión racional e intelectual superior del ser humano, tanto de sí mismo como del mundo que lo rodea. Esto es exactamente lo que transmiten los escritos de Darío Salas Sommer, en su concepción racional y eminentemente práctica de la filosofía y la espiritualidad. Como fundador filosófico de esta era, ha planteado las bases de una forma de filosofía razonada y operativa de carácter místico dirigida al despertar espiritual y la realización superior del ser humano, acorde con la mentalidad científica, en un momento de penosa degeneración teórico-especulativa de la filosofía occidental. En este contexto cosmológico, define a la especie humana, la especie del homo sapiens, como dramáticamente sometida a las fuerzas del destino. Describe al ser humano como un esclavo de las fuerzas del destino en el cumplimiento de la función cósmica para la que ha sido creada su especie, ser alimento de los dioses astrales, a la vez que fuente de energía para el correcto funcionamiento del cosmos. En realidad, este concepto hermético ha sido el hilo principal implícito de la tradición griega antigua, que fue formulado en su mitología a través del concepto de la fatalidad del destino al que se vieron sometidos personajes como Prometeo, Hércules, Edipo, Sísifo y Tántalo; en la filosofía platónica como un encadenamiento del alma a un mundo sensible de sombras y espejismos; y en la filosofía estoica como el sometimiento irremediable del hombre vicioso y pasional a la inexorabilidad del destino que se ha forjado en base a representaciones mentales equivocadas. En el diálogo Critias, Platón escribe acerca de este hecho: «En una ocasión, los dioses distribuyeron entre sí las regiones de toda la Tierra por medio de la suerte, […]. Una vez que cada uno obtuvo lo que le agradaba a través de las suertes de la justicia, poblaron las regiones y, después de poblarlas, nos criaron como sus rebaños y animales, como los pastores hacen con el ganado, […]. Actuaban sobre el alma por medio de la convicción como si fuera un timón, según su propia intención, y así conducían y gobernaban todo ser mortal.» En el cuerpo de textos herméticos antiguos denominado los Hermética philosóphica, al que pertenece el Corpus hermeticum, un tratado titulado Extractos de Estobeo clarifica este pasaje: «[…] los treinta y seis decanos están ordenadamente dispuestos bajo el círculo de este cuerpo, es decir, entre el círculo del todo y el círculo del zodíaco, de modo que separan a ambos círculos, de una parte levantando a aquel y, de otra, delimitando el del zodíaco; son transportados conjuntamente con los planetas, alternativamente con los siete, y tienen la misma potencia que el movimiento del todo. […] Advertimos, por tanto, que los decanos [ejercen su influencia sobre] las esferas de los siete [planetas] y sobre el círculo total, o mejor, que, como centinelas de todo lo que hay en el cosmos, influyen sobre todas las cosas, manteniendo unido el conjunto y custodiando la ordenada disposición de todas las cosas. […] la energía de todos los acontecimientos universales, hijo, procede de ellos; […] los cambios de reyes, las sublevaciones de ciudades, las hambres, las pestes, los reflujos de la mar y los seísmos de la tierra. Piensa que nada de esto sucede sin la energía de los decanos. Ten en cuenta además que si los decanos están al cuidado de los astros y nosotros estamos sometidos a los siete [planetas] ¿no te das cuenta que ha de llegar hasta nosotros alguna influencia de aquellos, bien se trate de sus hijos [los démones] bien a través de los planetas?».

Cuando uno atiende a la historia de la filosofía y el pensamiento occidental, puede ver claramente reflejado el proceso de degradación de la especie descrito por el mito de las edades del hombre.  A pesar de que existe en el colectivo científico la ilusión de que el hombre progresa cada día más, en base a la cosmovisión y la ontología materialista, la realidad es que el proceso que sigue la especie humana es un proceso involutivo, en atención a la tendencia natural e inevitable del universo al caos en cada uno de sus ciclos de existencia.  En este sentido el error radica en confundir el progreso del hombre individual, y del hombre como especie, con el progreso de su pensamiento técnico. Pero en realidad el hombre actual no ha progresado en su pensamiento técnico en absoluto, sino que lo que ha progresado es el archivo cultural de conocimiento técnico al que este puede acceder, que puede memorizar y, finalmente, aplicar como afirma Ortega y Gasset, gracias al sacrificio de vidas enteras de hombres geniales que a través de las generaciones fueron haciendo una serie de descubrimientos científicos que se han ido capitalizando culturalmente. La prueba de este hecho, desapercibido por el narcisismo cultural del mundo contemporáneo y la sociedad tecnocrática, es que, si desapareciera toda la reserva de conocimiento científico y la especie tuviera que partir de cero en el momento presente el hombre actual se revelaría como tan incompetente como lo pudieron haber sido el hombre común del medievo o de la antigüedad. Hay que observar que cualquier estudiante mediocre de hoy es aparentemente más inteligente que los sabios de ayer, que hoy un estudiante cualquiera maneja conocimientos a la edad de veinte años, memorizados en unos meses, que a los genios del pasado les costó toda una vida de esfuerzo comprensivo llegar a descubrir. Por supuesto esto no es un reflejo de la evolución de la humanidad, sino simplemente que el hombre tiene cada vez más conocimiento técnico disponible para memorizar y aplicar. Es muy fácil menospreciar la ingenuidad de los hombres medievales por sus creencias geocentristas cuando a uno le han educado en el heliocentrismo desde niño, y en realidad este conocimiento no ha sido adquirido en absoluto por la propia reflexión, sino que no es más que una sugestión cultural que uno cree ingenuamente haber comprendido por sí mismo y la ve como una obviedad. En atención a este hecho, este maestro de filosofía práctica ha realizado una demoledora crítica de la filosofía y el sistema de enseñanza occidental, como una mera programación memorística de sujetos dormidos, en un estado sonambúlico de bajo nivel de vigilia, que no comprenden absolutamente nada de lo que aprenden, sujetos limitados en su programación a una mera porción de conocimiento muerto y estéril absolutamente inoperante para el desarrollo de su conciencia superior. Darío Salas Sommer denuncia que la especie se está animalizando cada vez más a base de desarrollar la inteligencia de personas que carecen de conciencia, de manera que todo el sistema científico-académico no hace más que refinar la inteligencia memorística de un hombre bestial absolutamente sometido a sus pasiones.

La filosofía occidental avanza desde el periodo tardoantiguo, a través de toda la Edad Media, en un proceso de progresiva abstracción teórica que culmina, en la filosofía moderna y postmoderna, en lo que podría calificarse como pura filosofía de escritorio. Esta filosofía de escritorio consiste en una especie de abstracción especulativa de carácter intelectualoide totalmente desconectada de la experiencia inmediata del hombre común, de los avatares de su vida cotidiana, de su ámbito de concepciones prácticas así como de su problemática habitual. Efectivamente, tal y como plantea Darío Salas Sommer en su tratado titulado Desarrollo del mundo interno, la historia del pensamiento occidental es una historia involutiva disfrazada de sofisticación técnica, que se manifiesta como una producción filosófica con un carácter cada vez más teórico, abstracto y especulativo. Los grandes pensadores occidentales se encuentran preocupantemente desconectados de la realidad concreta en general, y de su propio cuerpo en particular. Los únicos que desarrollan una filosofía concreta son los pensadores dedicados a la filosofía de la ciencia, empiristas, positivistas y neopositivistas, pero su pensamiento concreto se dirige a objetos y fenómenos externos, ignorando por completo la filosofía práctica dirigida al conocimiento del mundo interno del ser humano y su relación con el mundo externo. Cualquier obra filosófica de la Edad Moderna, desde Descartes pasando por Kant hasta Hegel, transmite una forma teórica de hacer filosofía totalmente desprovista de referencias concretas, que no sólo está dramáticamente desconectada de la realidad cotidiana del hombre, sino que es absolutamente ajena a la dimensión patológica del psiquismo humano. Toda filosofía que no constituya una efectiva herramienta psicoterapéutica, de alguna forma curativa, y orientada a que el ser humano se pueda conocer a sí mismo, debe de ser estrictamente considerada como filosofía teórica de carácter intelectual, que no rebasa el ámbito psíquico. En este sentido hay que diferenciar entre lo que es un intelectual y un filósofo, ya que el hecho de que un intelectual dedique su actividad a temática filosófica no lo pone en el rango de filósofo en su sentido estricto, de la misma manera que por escribir libros de recetas de cocina uno no se encuentra necesariamente en la categoría de cocinero. Es más, abunda la gente experta en recetas de cocina pero que no ha frito un huevo en su vida, y precisamente este es el estado de la filosofía, y la mayoría de los filósofos occidentales. Resulta patético ver entrevistas grabadas con supuestos grandes filósofos del siglo XX que salen fumando tabaco compulsivamente sin tener las manos quietas un minuto, una especie de gigantes de las letras, muy leídos y estudiados, que viven absolutamente sometidos a sus compulsiones animales, cuando la auténtica filosofía consiste en justamente lo contrario, menos lectura y más autocontrol corporal.

Esta filosofía de carácter intelectualoide y teórico, debe de ser catalogada como pseudofilosofía, ideología filosófica sobre diferentes campos como la ciencia, la sociedad, la moral, la política o el derecho, que rebasa muy limitadamente el ámbito teórico de una forma exclusivamente externa y social, por el hecho de ser filosofía del intelecto y no filosofía de la mente, como explica en sus escritos Darío Salas Sommer. Existen corrientes filosóficas que han tratado de compensar, de una forma un tanto peculiar, esta desviación, como la filosofía desarrollada por Arthur Schopenhauer, de orientación relativamente práctica gracias sus influencias orientales. Schopenhauer presenta en su filosofía la noción profana del inconsciente y la necesidad de la práctica ascética, aunque cae en la subversión vitalista, lo que ha provocado que la filosofía posterior inspirada en su obra haya caído en sutiles errores que han degenerado en una peligrosa concepción de falsa espiritualidad, o espiritualidad subvertida, como ha sucedido con la interesante obra de Friedrich Nietzsche. El existencialismo es otro intento fallido de espiritualidad occidental, nihilista, subvertido y ateo en la mayoría de sus derivaciones, por su formulación excesivamente teórico-especulativa, en ocasiones absurdamente gerigóncica, y su falta de significado concreto y efectivo en un sentido pragmático. Es cierto que Søren Kierkegaard presenta vislumbres de sentido práctico con nociones de lo que es el inconsciente, la pasión y la miseria humana, pero estos ocupan una parte demasiado pequeña de su obra total, y se hallan perdidos entre farragosas especulaciones estériles sobre teología cristiana de las que poco de práctico se puede sacar. Parece haber caído una maldición sobre la filosofía occidental, que la avoca a buscar inútilmente su condición filosófica en la complicación especulativa, que cuanto más abstracta, farragosa y enredada más elevación filosófica parece adquirir. El carácter teórico-abstracto de los racionalismos e idealismos modernos, por si no fuera suficiente, además ha sido el causante de los empirismos, los materialismos y los vitalismos mas radicales, como los de Comte, Marx y Nietzsche, respectivamente, que dan soporte a una visión contemporánea del mundo absolutamente desespiritualizada y atea.

Esta es una de las grandes razones por las que doctrinas filosófico-místicas de carácter práctico procedentes del hinduismo, como el yoga o el budismo, han tenido tanto éxito y aceptación en Occidente, que se encuentra hastiado de la especulación teórico-filosófica. Las recientes filosofías fáciles y rápidas que tanto se han puesto de moda actualmente, en la realidad práctica metodologías de mercadotecnia, como las que aportan disciplinas como el coaching y la progrmación neurolingüistica, confunden peligrosamente el desarrollo espiritual con el desarrollo sin límites del poder personal, cayendo en una mera exaltación y potenciación de los deseos de poder del psiquismo animal. Occidente necesita encarecidamente una filosofía práctica que permita al ser humano retomar un contacto consigo mismo que hace mucho tiempo que ha perdido. Una de las reacciones al idealismo especulativo radical de Hegel, fue el positivismo lógico derivado del positivismo comtiano, corriente de pensamiento que combina la lógica con el empirismo, como forma objetiva de hacer filosofía. El problema del neopositivismo y la filosofía analítica derivada de pensadores como Bertrand Russel o Ludwig Wittgenstein, es que es una filosofía científica dirigida única y exclusivamente al conocimiento científico externo, y no contempla la necesidad que el ser humano tiene de conocerse a sí mismo. Una filosofía que desprecia abiertamente el objeto de la filosofía como ciencia de la felicidad, la virtud y la realización humana. El efecto paradójico de los idealismos teóricos modernos ha sido la acentuación del positivismo desde perspectivas materialistas, cientificistas y tecnologistas, que no han hecho mas que extraviar a la especie humana de su camino, por llevarlo a la objetualizacion de su ser y todas sus actividades. Como claro ejemplo de este hecho se puede mencionar la reacción que el idealismo hegeliano ha provocado en la ontología marxista, que, paradógicamente, concibe la realización del ser del hombre a través del trabajo y de la producción de bienes, y lo restringe a su mero aspecto social. Es decir, la ontología marxista, y sus derivaciones posteriores en Lukács y otros, conciben, para sorpresa de un capitalista, que el hombre realiza su ser humano por medio de un trabajo productivo generador de bienes que, suponen, permite el total desarrollo de la humanidad, equiparando la misma a que el hombre  se constituya como un ser social en un colectivo cultural. Este concepto de humanidad, enraizado en las formulaciones ingenuo-teóricas de la filosofía hegeliana, resulta inverso al concepto hermético operativo, según el que la humanización depende, precisamente, de un proceso de individuación por la sustracción del sujeto del colectivo cultural, por no ser esta más que una manifestación de un fenómeno astrológico conocido vulgarmente, por la difusión de la psicología analítica, como el inconsciente colectivo.

Esta intelectualización pedante a la que el academicismo modernista ha llevado a la filosofía, ha producido un absoluto desconcierto en el hombre contemporáneo común, que al verse incapacitado de cualquier aplicación práctica de semejantes voladuras especulativas, ha optado, simplemente, por vivir sin filosofía, ya que ha captado que esta no tiene más aplicación práctica que la que un docente en la materia pueda sacar por su labor. Así se ha esterilizado el pensamiento del hombre dirigiéndolo a la mera aplicación técnica mercantilista de sus conocimientos o, más bien, de los conocimientos heredados culturalmente. Es precisamente en este punto en el que Darío Salas Sommer ha intervenido en la filosofía contemporánea, aportando una formulación práctica y concreta de la filosofía como filosofía operativa, tomando el concepto del positivismo lógico de rigurosa operacionalización de los constructos y conceptos científicos, para desarrollar una filosofía operacional de carácter interno, que conduzca al ser humano a superar sus miserias psicológicas y realizar un contacto efectivo con su identidad espiritual. En este contexto sociocultural, y bajo este enfoque crítico, Darío Salas Sommer desarrolla la filosofía operativa de trasfondo hermético, haciéndola accesible al hombre y la mujer de la calle con un mínimo nivel cultural para poder comprenderla y un máximo deseo de superación para poder aplicarla. Por lo tanto, antes de prejuzgar a un gigante filosófico de semejante envergadura lo prudente sería parase a estudiar y aplicar detenidamente la enseñanza que ha transmitido. En todo caso, solamente queda expresar el profundo agradecimiento a este desconocido y misterioso espíritu gigantesco que, descendido del cielo se ha rebajado con ejemplar humildad para ponerse a nuestra altura en la polvorienta tierra, y mostrarnos el camino como un faro en medio de la noche. Los que sean capaces de comprender y realizar de manera efectiva su enseñanza, sin caer en falsos misticismos y sutiles fantasías neuróticas de falsa espiritualidad, esto, que esta en manos de cada uno, es lo que aún está por ver.

 

Libros publicados por Darío Salas Sommer, bajo el seudónimo de John Baines:

 

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