Seleccionar página

 

El señor Darío Salas Sommer ha sido el último gran maestro de hermetismo técnico que ha dado la espiritualidad occidental. Ha sido un revitalizador de la filosofía hermética operativa, de profundo trasfondo astrológico implícito que, como suele suceder, ha sido comprendido por muy pocos de sus contemporáneos. La profundidad y el nivel conceptual de su obra filosófica es tal, que da vértigo sondearla, especialmente por las delicadas implicaciones que tiene para la vida de un hombre, de una especie, que se cree en el culmen de la creación y la realización humana. Sus tratados filosóficos tienen una presentación concreta, realista, sencilla y accesible a personas con un mínimo de nivel cultural.  Se caracterizan por una deliberada falta de estilo, que resulta una especie de repelente conceptual insultante para las mentes más academicistas e intelectuales. Su falta de sistematicidad en la formulación de los contenidos que expone obedece a un ocultamiento intencional de la enseñanza que transmite, para protegerla de la programación memorística en la que podría caer en todo el que accediera a ella si no la presentara de esta forma, fragmentada y asistemática. En este sentido su filosofía no es una filosofía de forma sino de contenido, aunque tras su enseñanza se puede entrever una doctrina hermética de profundo carácter psicológico, cosmológico, soteriológico, ontológico y teológico. Tras esta aparente falta de identidad doctrinal, se esconde una filosofía mística, de carácter operativo, con comprometedoras implicaciones astrológicas y existenciales, que deja en evidencia la sobrevaloración narcisista a la que ha llegado la especie del homo sapiens. El objeto fundamental de su filosofía es el de elevar el nivel de vigilia de la persona, a la que describe inmersa en un profundo sueño sonambúlico, de manera que pueda acceder a un estado de despertar que le permita el desarrollo de un mayor nivel de conciencia. Aunque el maestro ya no se encuentra físicamente entre nosotros, ha dejado un vasto legado filosófico concentrado en su escuela, el Instituto Filosófico Hermético (IFH), a través del cual se puede acceder a la realización de un efectivo trabajo de desarrollo espiritual de carácter absolutamente concreto y operativo. En este sentido hay que hacer especial mención al aspecto de su obra especialmente dirigido al desarrollo espiritual de la mujer, para el que ha dejado como guía un tratado filosófico de valor incalculable titulado ¿Existe la mujer?, en el que describe y radiografía, con una precisión desconcertante, la psicología de la mujer, así como todas las trampas y barreras psíquicas que le impiden desarrollar su identidad espiritual auténtica. Este tratado se podría definir como la descripción precisa de los barrotes de la jaula psíquica en la que la mujer se encuentra encerrada, los barrotes que mantienen a la mujer atrapada en su tragedia psicológica.

Conjunción de los siete planetas, del sol a Saturno, en el sector tropical de Acuario, 4 Febrero 1962

Para poder dimensionar la envergadura de este maestro de filosofía, es preciso contextualizar su existencia, y su trabajo como maestro iniciático, en el momento histórico actual, en concreto, el momento astrológico en el que se encuentra actualmente la humanidad. La Edad Contemporánea se caracteriza por hallarse en un punto de transición de era astrológica. Las doce eras astrológicas son unos períodos de tiempo sideral que componen un gran ciclo astrológico denominado por Platón, en su diálogo Timeo, el gran año o el año perfecto: «También es posible concebir que la unidad perfecta de tiempo, el año perfecto, se realiza cuando las ocho revoluciones de velocidades diferentes han vuelto a su punto de partida, después de una duración, medida por el círculo de lo mismo y de lo semejante. Ved cómo y por qué han sido producidos aquellos astros que, en su marcha a través del cielo, debieron volver periódicamente sobre sí mismos, a fin de que el universo se pareciese lo más posible al animal perfecto e inteligible, mediante esta imitación de su naturaleza eterna.» Este gran año platónico se debe al fenómeno de precesión de los equinoccios, derivado del movimiento de rotación del eje del planeta Tierra en dirección oeste a lo largo del cinturón de constelaciones polares del hemisferio norte. Este fenómeno hace que el punto vernal de los cero grados de Aries, que marca el equinoccio de primavera, retroceda en sentido inverso a la rotación terrestre en razón de casi un minuto cada setenta y un años, y que cada dos mil ciento sesenta años la primavera comience un mes antes, es decir, que el punto de cero grados del equinoccio de primavera inicie en una nueva constelación zodiacal, marcando el punto de inicio de la siguiente era astrológica. La duración de este gran año platónico, también denominado año equinoccial o año zodiacal, es de veinticinco mil novecientos veinte años, e implica que el sol siga una órbita a lo largo del cinturón de las constelaciones zodiacales. El año platónico es diferente del año cósmico o año galáctico, tiempo que tarda el sol en completar su órbita alrededor del centro de la galaxia, unos doscientos cincuenta millones de años terrestres. También se diferencia del año sideral y del año tropical, que son dos modalidades del año terrestre. El tránsito de estas eras astrológicas se caracteriza por profundos cambios planetarios que afectan tanto al ecosistema natural, fenómeno del calentamiento global y fin de la era del petróleo, como al colectivo humano, guerras mundiales y fin de la sociedad capitalista petrolífera. La historia ha demostrado este hecho en el tránsito de la era de Aries a la era de Piscis, en el que la civilización antigua grecolatina alcanzó su final, dando comienzo a la era cristiana.

El comienzo de cada era está asociado a la encarnación en la Tierra de ciertos maestros de hermetismo, unos conocidos y otros no, repartidos por diferentes territorios del planeta. Este fue el caso de Jesús de Nazaret en el comienzo de la era de Piscis. En su tratado titulado El hombre estelar, Darío Salas Sommer explica que Jesús fue un iniciado de máximo grado en el culto hermético egipcio. El objeto de éste, entre otros, fue fundar en la era de Piscis una nueva fase evolutiva en la humanidad, caracterizada por los rasgos piscianos, es decir, el misticismo fundamentado en una experiencia de fe emotivo-devocional que se encuentra más allá de lo racional, lo que definió toda una nueva corriente de espiritualidad en la civilización occidental. Esto mismo sucedió con Muḥammad ibn ‘Abd Allāh, conocido como Mahoma, en el territorio de oriente medio, así como con Siddharta Gautama, el Buda, y con Kung fu Tse, Confucio, en el extremo oriente. Estos maestros han sido fundadores, en sus respectivos territorios, no solo de un nuevo culto, sino de una nueva cultura y una nueva civilización. Este hecho, en todos los casos fue profundamente controvertido y conflictivo, ya que estas figuras misteriosas siempre han aparecido en momentos de máxima degradación de la especie, con el objeto de elevar de nuevo el nivel espiritual de la humanidad. Por esta razón, por haber sido faros espirituales en un mundo de bestias degeneradas han sufrido una fuerte oposición por parte del colectivo, que siempre ha querido ver en ellos, tanto en Jesús, como en Mahoma, Buda o Confucio, alborotadores sociales enemigos del orden público, embusteros que se hacen pasar por profetas amenazando la anarquía establecida socialmente en un mundo acomodado al hedonismo inmoral, el caos y la corrupción. Es por esto que Jesús y los primeros cristianos fueron perseguidos y profundamente rechazados, como también lo fueron Mahoma, Buda o Confucio y sus discípulos. Las ideas y prácticas de estos hombres superiores jamás han caído en simpatía de los colectivos degenerados moral y espiritualmente. Este es el caso de Darío Salas Sommer, maestro de hermetismo operativo que, en este tránsito de era astrológica, ha encarnado en la Tierra para fundar una nueva concepción filosófica y mística de la vida espiritual del ser humano.

La era de Acuario se caracteriza por la influencia de esta constelación sobre el planeta Tierra. Acuario es una constelación caracterizada por el conocimiento trascendental, que transmite la capacidad de comprensión racional e intelectual superior del ser humano, tanto de sí mismo como del mundo que lo rodea. Esto es exactamente lo que transmiten los escritos de Darío Salas Sommer, en su concepción eminentemente práctica de la filosofía y la espiritualidad. Como fundador filosófico de esta era, Darío Salas Sommer ha planteado las bases de una forma de filosofía operativa de carácter místico dirigida al despertar espiritual y la realización superior del ser humano, en un momento de penosa degeneración teórico-especulativa de la filosofía occidental. En efecto, este maestro de filosofía práctica ha realizado una demoledora crítica de la filosofía y la enseñanza occidental, como una mera programación memorística de sujetos dormidos, en un estado sonambúlico de bajo nivel de vigilia, que no comprenden absolutamente nada de lo que aprenden, sujetos limitados en su programación a una mera porción de conocimiento muerto y estéril absolutamente inoperante para el desarrollo de su conciencia superior. Denuncia que la especie se está animalizando cada vez más a base de desarrollar la inteligencia de personas que carecen de conciencia, de manera que todo el sistema científico-académico no hace más que refinar la inteligencia memorística de un hombre bestial absolutamente sometido a sus pasiones.

En la Edad Antigua, la tradición mitológica y filosófica griega se fundamentaba en una cosmovisión esférica de carácter cíclico, según la cual el universo es un organismo viviente sin principio ni fin, que parte en cada uno de sus ciclos de un estado de máximo orden y progresivamente avanza hacia un estado de máximo desorden. Esta cosmología tuvo proyección sobre la especie humana a través del Mito de las edades del hombre, por lo que se entendía que el hombre pasaba por diferentes fases de desarrollo. Este mito es conocido habitualmente por la formulación que Hesíodo plasmó en su obra titulada Trabajos y días, los comentarios en los diálogos platónicos, como es el discurso de las musas en el libro VIII de la República, o la obra de Ovidio Las metamorfosis, pero en realidad es un mito hermético que fue transmitido a Grecia en el período micénico a través de la tradición mistérica órfica. El mito relata como la especie humana pasa por una serie de edades según las que se va degradando progresivamente, desde la edad de oro, pasando por la de plata, la de bronce, y la heroica, hasta la edad de hierro. Este mito posee profundas connotaciones astrales, ya que las edades del hombre obedecen, a su vez, a la sucesión de las eras astrológicas a lo largo del gran año platónico. En este contexto cosmológico, cuyo origen es el hermetismo egipcio transmitido a la cultura griega a través de las iniciaciones dionisíacas y órficas antiguas, Darío Salas Sommer define a la especie humana, la especie del homo sapiens, como dramáticamente sometida a las fuerzas del destino. Describe al ser humano como un esclavo de las fuerzas del destino en el cumplimiento de la función cósmica para la que ha sido creada su especie, ser alimento de los dioses astrales, a la vez que fuente de energía para el correcto funcionamiento del cosmos. En realidad, este concepto hermético ha sido el hilo principal implícito de la tradición griega antigua, que fue formulado en su mitología a través del concepto de la fatalidad del destino al que se vieron sometidos personajes como Prometeo, Hércules, Edipo, Sísifo y Tántalo; en la filosofía platónica como un encadenamiento del alma a un mundo sensible de sombras y espejismos; y en la filosofía estoica como el sometimiento irremediable del hombre vicioso y pasional a la inexorabilidad del destino que se ha forjado en base a representaciones mentales equivocadas.

Cuando uno atiende a la historia de la filosofía y el pensamiento occidental, puede ver claramente reflejado este proceso de degradación de la especie. A pesar de que existe en el colectivo científico la ilusión de que el hombre progresa cada día más, en base a las cosmovisión y la ontología materialista, la realidad es que el proceso que sigue la especie humana es un proceso involutivo, en atención a la tendencia natural e inevitable del universo al caos en cada uno de sus ciclos de existencia.  En este sentido el error radica en confundir el progreso del hombre individual, y del hombre como especie, con el progreso de su pensamiento técnico, progreso que no es tal, porque el hombre actual no ha progresado en su pensamiento técnico en absoluto, sino que lo que ha progresado es el archivo cultural de conocimiento técnico al que el hombre actual puede acceder, que puede memorizar y finalmente puede aplicar gracias al sacrificio de vidas enteras de hombres geniales que a través de las generaciones fueron haciendo una serie de descubrimientos científicos que se han ido capitalizando culturalmente. La prueba de este hecho, desapercibido por el narcisismo cultural del mundo contemporáneo y la sociedad tecnocrática, es que, si desapareciera toda la reserva de conocimiento científico y la especie tuviera que partir de cero en el momento presente el hombre actual se revelaría como tan incompetente como lo pudieron haber sido el hombre común del medievo o de la antigüedad. Hay que observar que cualquier estudiante mediocre de hoy es aparentemente más inteligentes que los sabios de ayer, que hoy un estudiante cualquiera maneja conocimientos a la edad de veinte años que a los genios del pasado les costó toda una vida de esfuerzo comprensivo llegar a descubrir, pero que esto no es un reflejo de la evolución de la humanidad, sino simplemente que el hombre tiene cada vez más conocimiento técnico disponible para memorizar y aplicar. Es muy fácil menospreciar la ingenuidad de los hombres medievales por sus creencias geocentristas cuando a uno le han educado en el heliocentrismo desde niño, y en realidad este conocimiento no ha sido adquirido en absoluto por la propia reflexión, sino que no es más que una sugestión cultural que uno cree ingenuamente haber comprendido por sí mismo y la ve como una obviedad.

Efectivamente, tal y como plantea Darío Salas Sommer en su tratado titulado Desarrollo del mundo interno, la historia del pensamiento occidental es una historia involutiva disfrazada de sofisticación técnica, que se manifiesta como una producción filosófica con un carácter cada vez más teórico, abstracto y especulativo. Los grandes pensadores occidentales se encuentran preocupantemente desconectados de la realidad concreta en general, y de su propio cuerpo en particular. Cualquier obra filosófica de la Edad Moderna, desde Descartes pasando por Kant hasta Hegel, transmite una forma teórica de hacer filosofía totalmente desprovista de referencias concretas y desconectada de la realidad cotidiana del hombre. Este carácter teórico-abstracto de los racionalismos e idealismos modernos, es el causante de los empirismos, los materialismos y los vitalismos mas radicales, como los de Comte, Marx y Nietzsche, respectivamente, que dan soporte a una visión del mundo absolutamente desespiritualizada y atea. Esta es una de las grandes razones por la que doctrinas filosófico-místicas de carácter práctico procedentes del hinduismo, como el yoga o el budismo, han tenido tanto éxito y aceptación en Occidente. La filosofía occidental avanza desde el periodo tardoantiguo, a través de toda la Edad Media, en un proceso de progresiva abstracción teórica que culmina, en la filosofía modernista y postmodernista, en lo que podría calificarse como pura filosofía de escritorio. Esta filosofía de escritorio consiste en una especie de abstracción especulativa de carácter intelectualoide totalmente desconectada de la experiencia inmediata del hombre común, de los avatares de su vida cotidiana, de su ámbito de concepciones prácticas así como de su problemática habitual. El efecto paradójico de estos enfoques teóricos ha sido la acentuación del positivismo desde perspectivas materialistas, cientificistas y tecnologistas, que no han hecho mas que extraviar a la especie humana de su camino, por llevarlo a la objetualizacion de su ser y todas sus actividades. Como claro ejemplo de este hecho se puede mencionar la reacción que el idealismo hegeliano ha provocado en la ontología marxista, que concibe la realización del ser del hombre a través del trabajo y de la producción de bienes, y lo restringe a su mero nivel social. Como es de esperar, esta intelectualización pedante a la que el academicismo modernista ha llevado a la filosofía, ha producido un absoluto desconcierto en el hombre contemporáneo común, que al verse incapacitado de cualquier aplicación práctica de semejantes voladuras especulativas, ha optado, simplemente, por vivir sin filosofía, ya que ha captado que esta no tiene más aplicación práctica que la que un docente en la materia pueda sacar por su labor. Así se ha esterilizado el pensamiento del hombre dirigiéndolo a la mera aplicación técnica mercantilista de sus conocimientos o, más bien, de los conocimientos heredados culturalmente. Es en este contexto sociocultural, y bajo este enfoque crítico, en el que Darío Salas Sommer desarrolla la filosofía operativa de trasfondo hermético, haciéndola accesible al hombre y la mujer de la calle con un mínimo de nivel cultural para poder comprenderla y un máximo de deseo de superación para poder aplicarla. Por lo tanto, antes de prejuzgar a un gigante filosófico de semejante envergadura lo prudente sería parase a estudiar y aplicar detenidamente la enseñanza que ha transmitido.

Libros publicados por Darío Salas Sommer

  • Depresión y angustia
  • Los brujos hablan
  • El hombre estelar
  • La ciencia del amor
  • ¿Existe la mujer?
  • Desarrollo del mundo interno
  • Moral para el siglo XXI
  • ¿Cuanto vale una persona?
  • Moneda cósmica

(Este artículo es propiedad intelectual, queda prohibida la reproducción parcial o total de su contenido)

 

error: Alert: Este contenido está protegido !!